Corazón de María

Un Hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa.

Que desea eficazmente y procura por todos los medios encender a todos los hombres en el fuego del divino amor.

Nada le arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias; se alegra en los tormentos y dolores que sufre y se gloría en la cruz de Jesucristo.

No piensa sino cómo seguirá e imitará a Cristo en orar, en trabajar, en sufrir, en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de los hombres.

(San Antonio María Claret) 

Buscamos a Dios

Ser Misionero Claretiano es un modo concreto de ser hombre, cristiano, consagrado y apóstol. Nuestra Congregación está formada por claretianos Hermanos, Sacerdotes y Diáconos peermanentes. Todos hemos sentido la misma llamada de Dios a: Ser discípulos y seguidores de Jesucristo.

Vivir los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia.  Vivir en la misma comunidad de vida con Jesucristo y con otros hermanos. Y ser enviados a anunciar a todo el mundo la Buena Nueva del Reino. Así asumimos el itinerario espiritual y la preocupación fundamental de san Antonio María Claret que era edificar la Iglesia a través del ministerio de la Palabra desde el ministerio ordenado (como Sacerdotes o Diáconos) o desde la dimensión laical (como Misioneros Hermanos). Todos compartimos un mismo proyecto de vida y misión. 

Somos enviados a anunciar la vida, muerte y resurrección de Jesús a fin que todos se salven por la fe en Él. Compartimos las angustias y esperanzas de los hombres buscando la transformación del mundo según el designio de Dios. Nuestra misión se nutre de la Palabra de Dios y de la Eucaristía. Se irradia en el mundo bajo el signo de la misericordia y la ternura, que aprendemos del Corazón de María. Se dirige sobre todo a los que son excluidos del amor de los demás y sufren las consecuencias de la injusticia de este mundo.

 

 

 

Actividades Pastorales